BREVE HISTORIA GEOGRAFICA DEL SIGLO XXI
En lo que va del siglo XXI, por una elección personal y como alguno de los lectores de esta historia ya saben, he vivido cambiando en forma permanente, física y geográficamente hablando, de habitat, de ciudad, de país.
He cruzado la cordillera de Los Andes y el correspondiente paso internacional entre Chile y Argentina, unas 40 veces al año, con algunos viajes, más esporádicos, a otros destinos latinoamericanos.
En ese permanente cambio de lugar físico, podría decir con propiedad, que cambia todo.
Cambia el entorno y cambian las personas con las que uno tiene relación durante esos días, y hasta cambia uno mismo, aunque suene algo insólito.
El cambio de entorno y el cambio de las personas con las que estamos en relación son bastante intuitivos y fáciles de entender.
El “cambio de uno mismo” también tiene lugar, y ocurre de una semana a otra, aunque suene algo inverosímil para algunos. Ejemplos para ilustrar lo comentado, hay varios.
Uso ropa diferente en Santiago, que aquella que utilizo en Córdoba. La temperatura, la humedad, el frío o el calor son diferentes.
Como carne en Argentina y pescado en Chile. Puedo pedir palta en un restaurant en Chile, pero no en Argentina.
Pero, lo más sorprendente, es cuánto cambia nuestra forma de relacionarnos con las personas. Esta forma de relación es radicalmente diferente.
Utilizo vocabulario diferente. Digo “alo”, al atender el teléfono en Chile y “hola” en Argentina. ¿Corchetera o abrochadora?
El pan también cambia ¿Marraqueta, hallula, pan de molde?. ¿O francés, mignon, criollos? Y ojo! No es sólo un cambio de nombre del pan, un cambio idiomático, es una cambia de sabor, de gusto, de sensaciones, de olores, de expectativas.
¡Si en el pan hay tantos cambios, imagínense en las personas!
Cambia la forma de relacionarse. En el trato con las personas en general puedo ser muy directo con mis palabras en Argentina, y tengo que obligarme a ser bastante más indirecto en Chile.
Hasta mi traducción mental de las palabras de los otros es totalmente diferente.
Si alguien responde “Ok. Lo hagamos”, en Chile, su significado y alcance para mi misma persona, no tiene nada que ver con las mismas palabras usadas por un argentino en Argentina.
Hasta cambia la forma de tratar a una misma persona, si la encuentro en Santiago, que si encuentro la misma persona en Córdoba. Si resulta poco verosímil, pregunten a cualquier de aquellos con los que hemos compartido varias veces un café en Santiago de Chile, cuántas veces nos hemos al menos comunicado en Córdoba.
La persona desaparece de mi “mapa mental”, aunque ella pueda estar físicamente más cerca de mí en Córdoba que en Santiago. Mi inconsciente ya sabe que lo volveré e ver y juntarme con él en Chile –o en el viaje-, pero no pasa por mi mente ni siquiera saber su teléfono en Córdoba.
Por suerte, todo esto funciona en nuestra mente en forma automática, sin requerir un esfuerzo voluntario de mi parte.
Más grande serían las diferencias y comportamientos si comparamos con otras historias o realidades sociales latinoamericanas, y más aún con realidades de otras latitudes más distantes del mundo.
Y podríamos continuar señalando diferencias de entorno, de arquitectura, de política, de comportamiento social y tantas otras componentes de la vida humana.
Hasta aquí todo lo que cambia.
BREVE HISTORIA VIRTUAL PARALELA A
En forma curiosa, al menos para mi percepción personal, la “realidad virtual” permanece como una constante, sin verse alterada por los cambios físicos o geográficos. Esta realidad virtual no sufre la influencia de los cambios o “ruidos” del entorno comentados, y transita por un canal de comunicación que casi no recibe otras influencias.
Esta “realidad virtual” se construye a través de la “comunicación escrita asincrónica”, hoy sustentada fundamentalmente en el envío y recepción de e-mail, aunque hay otras herramientas más sofisticas, pero de uso menos común.
Hasta hace pocos años estas relaciones se podían construir por el envío de cartas personales por el correo tradicional, pero estas tardaban días o meses, y hoy todo es instantáneo, con la enorme potencialidad que esto genera.
Al enviar o recibir un mail, importante bastante poco si estoy en mi casa, en la oficina de Santiago, en un cyber café o en un locutorio. Si es de noche o de día. Si es la madrugada y estoy comenzando el día, o estoy por ir a descansar en la noche, o salir al cine.
Tampoco importa cómo estoy vestido o si ya estoy arreglado para salir.
Y finalmente y lo que ha sido muy importante para mi historia personal, tampoco tiene ninguna relevancia si estoy en Córdoba, Buenos Aires, Santiago de Chile, Lima o de vacaciones en Brasil.
Envío el mail y el otro lo recibe inmediatamente que “se conecta”. Y se puede coordinar reuniones, almuerzos, intercambiar documentos, presentar cotizaciones, solicitar averiguaciones, pedir favores, etc.
Y esta “realidad virtual” ha permitido generar “relaciones virtuales”, que toman vida propia con el paso del tiempo, al igual que ocurre con la realidad contingente y física, basada en la “comunicación oral sincrónica” –léase hablar- a la que estamos más habituados como forma básica de relación humana.
Para aclarar el tema y el alcance de lo comentado. No estoy hablando de la comunicación “virtual” con personas que no conozco -que personalmente creo de una total inutilidad- como son los chats de juegos en los que participan mis hijos.
Estoy refiriéndome al fortalecimiento y crecimiento de relaciones con personas concretas, con las cuales tengo un trato real, funcional, laboral, interesado.
Donde están en juego objetivos, propósitos y metas muy concretas.
Por nuestra constitución física, al menos en lo personal, necesito que la “virtualidad” tenga asidero en lo físico. Necesito, cada tanto, verle la cara al interlocutor. Debatir, discutir, tomar un café o compartir una comida o una reunión. Ver los gestos, las emociones, la mirada. Pero después podemos continuar construyendo la relación, mantener y construir el vínculo en forma virtual.
Como conclusión personal, con el paso de los años y a pesar de mi escepticismo, me he ido sorprendiendo cada vez más con la siguiente afirmación, ya casi una certeza: la “Virtualidad” permite construir relaciones humanas.
Creo que los seres humanos anteriores a la era digital, a la virtualidad, estarían deslumbrados de las posibilidades de comunicación humana que hoy tenemos, superando las barreras físicas, superando las “cordilleras”.
Personalmente estoy deslumbrado de estas posibilidades, y por eso comparto esta historia.
* * *




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